INTEGRACION EN TULSA

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Por Teresa Tascon-Fernandez y Juan R. Salvadores-Canedo 

Maestros. “Programa Profesores Visitantes EE.UU.-Canadá y España” 

 

Hace pocos años leí, en un libro sobre Historia de los EE.UU., dos frases que me hicieron reconsiderar mis ideas sobre este gran país. 

Una de ellas sostenía que, dada la enorme complejidad del medio humano y natural estadounidense, lo anómalo no habían sido los conflictos de división, sino que los estados permanecieran unidos. 

La otra, que hay que poner en cuestión la validez del famoso concepto de la sociedad estadounidense como melting pot o “crisol” en el que se funden y ligan indivisiblemente todos los individuos y culturas que han ido configurando el país, sino más bien como un caleidoscopio en el que las personas conviven en mayor o menor armonía, pero sin mezclarse de forma indisoluble. 

En lo que hemos vivido en EE.UU., mi familia y yo hemos sido testigos de ambos clichés. Personas y colectivos que te acogen con los brazos y el corazón abiertos, y también lo contrario, incluyendo además el término intermedio de la indiferencia. Pero la memoria suele ser selectiva hacia lo mejor, por fortuna, seguramente para hacernos la vida –durísima con frecuencia- más llevadera. Y por ello casi a diario, especialmente cuando el pesimismo me quiere invadir, me esfuerzo en recordar la gran cantidad de veces que algún estadounidense nos ha dicho “Gracias por venir, con ustedes aquí el país es un poco mejor”.  

Las políticas estadounidenses no han sido siempre de acogida, pero esa ha sido la actitud amplísimamente predominante de sus ciudadanos y de sus gobernantes. Vivimos momentos en los que es notorio cierto recelo de la Administración Central hacia los que quieren venir –por el motivo que sea, porque EE.UU. tiene muchos que los hacen deseables-, pero, aun así, son más que encomiables los esfuerzos y las facilidades que dan los regidores de esta ciudad de Tulsa para integrar a todos los aquí llegados. Sin duda, la general tranquilidad que se vive en sus factorías, comercios, oficinas, calles y plazas tienen mucho que ver con la generosidad y clarividencia de nuestros regidores. 

En más de una ocasión hemos hablado con vecinos de todas las procedencias y orígenes sobre la calidad de vida y las oportunidades que ofrece Tulsa. Todos, sin excepción, nos dicen que es una ciudad formidable para vivir y consolidar una familia, y nuestras vivencias no hacen sino confirmarlo. 

Nosotros, españoles, estamos aquí como docentes, dentro del Programa de Profesores Visitantes que comparten Estados Unidos de Norteamérica (cuantas veces repito en mis clases que hay unos Estados Unidos Mexicanos!!!!), Canadá y España. Si no conocen este Programa, aunque estamos seguros de que varios de ustedes tienen a sus hijos matriculados en centros de Tulsa que lo participan, les animamos a informarse sobre él. Es una iniciativa ya añeja que busca favorecer la integración de las comunidades hispano y angloparlantes, a través de diferentes opciones pedagógicas. Nunca antes, en otros estados, habíamos observado tanta tranquilidad e integración interracial como en las escuelas de Oklahoma. 

Es nuestro deseo y nuestra confianza que ustedes, como adultos, se integren en el mundo adulto y laboral de Oklahoma con la misma facilidad que lo hacen sus hijos en las escuelas. 

Porque en un mundo tan y tan al momento interconectado como el que vivimos, y ante la inapelable evidencia de que el planeta Tierra permanecerá gracias al esfuerzo colectivo y solidario o NO permanecerá, es apremiante acudir a la tendencia cooperativa de los seres humanos y dejar en segundo plano nuestras diferencias. 

 

Integration in Tulsa – a visitor’s perspective 

Guest Column 

By Teresa Tascon-Fernandez and Juan R. Salvadores-Canedo 

TULSA, OK – A few years ago I read, in a book about the history of the USA, two phrases that made me reconsider my ideas about this great country. One of them argued that, given the enormous complexity of the American human and natural environment, the anomalies had not been divisive conflicts, but rather that states should remain united. The other, that we must question the validity of the famous concept of American society as “melting pot” or “melting pot” in which indivisibly melt and bind all the individuals and cultures that have been shaping the country, but rather like a kaleidoscope in which people coexist in greater or lesser harmony, but without mixing in an indissoluble way.  

In what we have experienced while living in the USA, my family and I have witnessed both clichés. People and groups that welcome you with open arms and hearts, and also the opposite, including also the intermediate term of indifference. But memory is usually selective towards the best, fortunately, surely to make our lives – often very hard – more bearable. And for that reason almost daily, especially when pessimism wants to invade me, I try to remember the many times that an American has told us, “Thank you for coming, with you here the country is a little better.” 

US policies have not always been welcoming, but that has been the overwhelmingly predominant attitude of its citizens and its leaders. We are living at time in which there is a certain distrust of the current government towards those who want to come, but even so, the efforts and the facilities that the leaders of the city of Tulsa give to integrate all those who arrived here are more than praiseworthy. Undoubtedly, the general tranquility that lives in its factories, shops, offices, streets and squares have much to do with the generosity and foresight of our council members.  

On more than one occasion we have spoken with neighbors from all backgrounds about the quality of life and the opportunities offered here in Tulsa. Everyone, without exception, tells us that it is a great city to live and raise a family, and our experiences only confirm it.  

We, Spaniards, are here as teachers, within the Program of Visiting Professors who share the United States of America (how many times I repeat in my classes that there is a United States of Mexico!), Canada and Spain. If you do not know this program, although we are sure that several of you have your children enrolled in participating Tulsa schools, we encourage you to learn about it. It is an old initiative that seeks to favor the integration of the Spanish and English-speaking communities, through different pedagogical options.  

Never before, in other states, have we observed as much tranquility and racial integration as in Oklahoma schools. It is our desire and our confidence that you, as adults, integrate into the adult and working world of Oklahoma as easily as your children do in the schools. Because in a world so interconnected as the one we live in, and before the unappealable evidence that the planet Earth will remain thanks to the collective and solidary effort or will not remain, it is urgent to go to the cooperative tendency of human beings and leave our differences behind.         

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